Desmontando el relato del feminismo radical

Jordi Ferré Rey Periodista Digital 9 de marzo de 2021

A nivel jurídico, la protección entre hombres y mujeres está garantizada en nuestro Estado de derecho

Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.”
La Constitución española en su artículo 14, en uno de sus derechos fundamentales, deja claro que somos iguales ante la ley sin que haya discriminación alguna, entre ellos por razón de sexo.  Nuestra carta magna garantiza la igualdad ante la ley, cosa que el feminismo radical menciona, una y otra vez en sus mantras, que no hay igualdad entre ambos sexos. NO es verdad.
A nivel jurídico, la protección entre hombres y mujeres está garantizada en nuestro Estado de derecho.
España no es un país machista, ni discrimina a las mujeres. Los mantras del feminismo radical lejos de ayudar, dañan a las personas de ambos sexos, cuyas consecuencias se están viendo con la demonización hacia el hombre y señalando a las mujeres que piensan diferente, que a la larga terminarán pagando sus descendientes cuando tengan que sufrir las leyes y las acciones que nada tienen que ver con la justicia (por ejemplo las que quieren vulnerar la presunción de inocencia), sino más bien en imponer su propaganda partidista totalmente politizada.
Les expongo algunos ejemplos sobre dichos mantras:
-Discriminación laboral: “Artículo 28. Igualdad de remuneración por razón de sexo. 1. El empresario está obligado a pagar por la prestación de un trabajo de igual valor la misma retribución, satisfecha directa o indirectamente, y cualquiera que sea la naturaleza de la misma, salarial o extrasalarial, sin que pueda producirse discriminación alguna por razón de sexo en ninguno de los elementos o condiciones de aquella.” Este es un ejemplo de los artículos del Estatuto de los trabajadores donde deja claro la igualdad en retribución salarial, sin que valga discriminación alguna, entre ellas las de sexo.
-Inseguridad para las mujeres en España: Según un estudio de Statista, cogiendo los datos del ranking de ‘Women Peace, and Security Index’ en 2017, España es para las mujeres el 5º país mejor del mundo en nacer, ya sea en seguridad, calidad de vida, etc., con un parámetro de 0’860, a poca distancia del líder, Islandia, con un 0’886; o bien el estudio del Índice Libertad Humana, elaborado por el Instituto Cato, el Instituto Fraser y la fundación para la libertad Friedrich Naumann, donde establece la seguridad para las mujeres con un de 9’2 sobre 10.
-España no es un Estado democrático: Según Freedom House ratings of nations’ electoral systems en 2016 hizo mención que en España hay más democracia y libertad que en EE.UU y Francia. Su nota es de 95 sobre 100.
Estos son algunos ejemplos para desmontar los mantras de estos movimientos feministas radicales, que nada tiene que ver con las feministas de antaño que buscaban la igualdad ante la ley, como Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, entre otras. Por desgracia estamos haciendo “el movimiento del péndulo” (pasarnos de un extremo a otro) donde nos podemos encontrar a la hora de juzgar una persona de una pareja, que el hombre ha pasado la noche anterior en el calabozo antes de celebrarse el juicio, sin pruebas (vulnerando la presunción de inocencia) pero una mujer no, y además se juzgará en un juzgado “especial” (el de Violencia de género): por el contrario, si se juzgase a una mujer, se juzgaría al juzgado de instrucción o de guardia.
Como todo en la vida, las leyes no son una garantía que siempre se cumplan. Por ejemplo, quien roba, a sabiendas que ese acto está castigado (penado) por ley, pero roba, no significa que seamos un país de ladrones.
La igualdad real se debe llevar a cabo con toda naturalidad mediante la libertad y la meritocracia; el mérito de la persona sin tener en cuenta si es hombre o mujer, sus tendencias sexuales, sus creencias religiosas, sus tendencias políticas, etc., sin distinciones, porque sino, como bien he dicho antes, en unos años, tanto sus hijos como los nuestros, pagarán las consecuencias, y entonces será tarde para nuestra sociedad y Estado de derecho.
Jordi Ferré Rey

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